El Salone del Mobile confirma una evolución clara en el diseño de interiores: los espacios se plantean como escenarios con intención, casi galerías domésticas. Los montajes expositivos han sido especialmente arquitectónicos y conceptuales, con instalaciones de carácter artístico donde cada pieza tiene sentido dentro de una composición global.
En este contexto, la cocina se consolida como el gran protagonista. La idea se repite en muchas propuestas: cocina = arquitectura doméstica, no únicamente un conjunto de muebles. Se diseña como parte integral del hogar, conectando visual y funcionalmente con el living y el resto de estancias.
Materiales clave: naturaleza + precisión
Los materiales que dominan son los que transmiten autenticidad y permanencia:
Piedra (muy presente, con textura y protagonismo en encimeras y superficies)
Madera natural (aportando calidez y un carácter atemporal)
Metal (acero o lacados en tonos acerados/metalizados)
Tonos tierra, reforzando la conexión con lo natural
También se ve mucho acero, espejo, y el uso de vitrinas y decorativos abiertos, que convierten el almacenaje en parte de la estética: piezas expuestas, composiciones limpias y detalles muy pensados.
Iluminación: el eje del ambiente
Otro punto fuerte es la iluminación, tratada con mucha intención: no solo acompaña, sino que estructura el espacio y realza materiales, volúmenes y texturas. En muchas cocinas, la luz se convierte en el “hilo conductor” del ambiente y del propio mobiliario.
Tendencias que vienen con fuerza
Integración total de la cocina con el resto de la casa
Conexión con la naturaleza, a través de materiales y paletas cálidas
Electrodoméstico oculto, especialmente mediante puertas escamoteables, una solución que gana terreno por su capacidad de “limpiar” visualmente el espacio
En conjunto, el Salone apunta a una dirección clara: menos cocina como “zona técnica” y más cocina como espacio emocional, diseñado para vivirse, mostrarse y formar parte de la arquitectura del hogar.

